Mulatona

Por Franco Rosso
Jueves 2 de Julio de 2026

 

Todos conocemos a Clemente, la caricatura del salteño Caloi que luego fue muñeco e ícono porteño. El muñeco hincha, pero a contramano de un hincha de fútbol, Clemente no tenía manos para acompañar el aliento o para tirar papelitos. La voz de Clemente cuando fue muñeco fue del gran Pelusa Suero, al igual que la del Profesor Neurus y Pucho y tantísimos más. Una particularidad de Clemente, amante de las aceitunas y el mate, como cualquier hijo de vecino, tuvo su gran auge en los ochenta y algo de los noventa, en la época dorada de la historieta argentina. Obvio que tuvimos el muñequito aurinegro fanático del fútbol de Clemente. Dentro de los personajes que completaban el mundo creado por el gran dibujante, había uno que se llamaba El Hincha de Camerún. Era un muñeco idéntico a Clemente, pero con un tono de piel africano, camerunés, claro. La particularidad fue que, a diferencia de Clemente que tenía un pañuelito con cuatro nuditos en la cabeza, (como los que nos hacían las doñas a los pibes en las tribunas del viejo Sportman, con su pañuelo para soplarse los mocos y que guardaban en los corpiños sudados) tenía un huesito que le cruzaba la cabeza. Había sido creado para el mundial de fútbol de España 82 cuando el equipo de Camerún había clasificado por primera vez a una copa del mundo. No solo eso, sino que esa selección debutante resultó invicta en dicho mundial ya que empató sus tres partidos de la fase de grupos, pero al no llegar con la cantidad de puntos rápidamente quedó fuera de competencia. El Hincha de Camerún popularizó el cantito y se presentaba cantando solo en una tribuna de madera. Claro, era un país extraño para el mundo del fútbol como lo puede ser ahora Cabo Verde. Tenemos que recordar que Camerún en Italia 90 nos clavó uno y nos dejó con los ojos grandes y en la cuerda floja.

Nada. Me acordé de Clemente. Bah, el Gordo me hizo acordar cuando me mandó un audio de casi diez minutos que resumiéndolo un poco terminó diciéndome que ojo, que los africanos son el futuro del fútbol. Pero que no solo del futbol vive el hombre, sino que también de la música (no de la literatura, eso es un idilio) y que cuando escucha nombrar a Cabo Verde, no puede no recordar los pies de Cesária Évora, con esa voz profunda y firme en los escenarios del mundo. Entonces me hace analogías, me cuenta que cantaba descalza en los escenarios porque así fue criada. En esos diez minutos se pregunta y se contesta solo, se lamenta y se alegra y vuelve a enaltecer a la figura de la caboverdiana Cesária y dice que siempre será su Mulatona. El Gordo envía un segundo audio: se niega a hacer hincha para argentina en esta ocasión. Dice que en esta vuelta no me acompaña porque le debe su amor incondicional a Évora. Que va a venir a ver el partido, que prepare los vermús y todo eso, pero que si hay gol de Cabo Verde lo grita sin duda. Yo le contesto que no hay drama, que venga nomás que las puertas están abiertas, que tengo un peluche de Clemente con la bandera de Argentina colgada en el cuello y que lo voy a poner a un costadito del tele como cábala. Se ríe. Me manda a cagar y me dice que viene un rato antes porque quiere hacerme escuchar una buena selección de la Évora en Spotify. Por supuesto que sí, pienso en responderle, esos son los momentos mundiales que más espero. Tiren papelitos.