Colecciones

Por Franco Rosso

Miércoles 19 de agosto de 2026

No sé de dónde viene el acto de coleccionar cosas. Tal vez algún rito u obsesión canalizado en alguna serie de objetos, (digo objetos porque por lo general es lo que se colecciona) o un pasatiempo que nos llama la atención y nos mantiene activos. En el último caso también puede funcionar como un acto salvador de algo. Coleccionar libros, por ejemplo, nos salva de ir a una biblioteca. Pero no solo eso, digo, más allá del objeto a guardar, que puede ser vistoso, curioso o con alguna connotación emocional, sin duda, coleccionar nos salva mentalmente. Creo que los que somos ansiosos tendemos más a amontonar cosas que aquellos con un desapego más desarrollado. Los objetos que se almacenan seguramente tienen algo o mucho que ver con la historia personal del coleccionista y de un momento x del objeto. Luego también con alguna obsesión menor que no llega a lo patológico (aunque en algunos casos sí, pero no me voy a meter en camisa de once varas) Esos micro deseos acumulatorios y ordenatorios del caos personal. Conozco algunos coleccionistas. El Gordo, sin ir más lejos, se jacta de tener la colección más grande de fracasos que un hombre de su edad puede tener. Lo dice a modo de broma porque se ríe de mis micro colecciones. Yo colecciono, entre otros objetos, cajitas de cigarrillos de una determinada marca. Pero fue una colección finita porque en algún momento llegó a su fin y ahí quedó: coleccionando tierra en alguna parte de la biblioteca. Ahora tengo una colección de cajitas de cigarrillos y tierra. El Gordo se ríe porque dice que las colecciones sufren de una inutilidad crónica y que son objetos sin objeto aparente. También tengo colecciones de libros de ciertos autores en sus primeras ediciones. Bueno, tal vez esto posiblemente tenga algún valor futuro para que mis niños los lean o los revienten en un canje a dos mangos, ellos sabrán que hacer. Coleccionar es un pasatiempo que perdura en el tiempo, no es un objetivo con un fin a corto plazo, sino que puede llevarnos toda una vida. Es como si fuera un objetivo horizontal que trasciende a todas las etapas. El Gordo se encarga de desromantizar toda colección. Atribuye eso a una perdida de tiempo. Yo le retruco que coleccionar algo nos hace estar atentos a la cotidianeidad. Aquél que colecciona monedas, por ejemplo, que es un objeto común de colección, tiene su mirada colocada en esto y una finalidad de atención cotidiana, aunque mínima fuera. Después están los coleccionistas con fines de mercado. No hablo de esos ni de sus colecciones, tal vez ahí la finalidad sea solo de lucro. Me interesan solo las micro colecciones diarias, personales, esas sin valor aparente para el otro y con el solo fin de una satisfacción chiquita y propia.  Sin dudas, la mayor colección que atesoro es la colección de historias y momentos como las que nombré antes: chiquitas, sin valor aparente y con el solo fin de una satisfacción personal, como esta que cuento.